Kissinger y el pasado oscuro del político estadounidense en América Latina

El exsecretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger en una aparición pública en 2019. Foto: Chip Somodevilla / Getty Images North America / AFP.
photo_camera El exsecretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger en una aparición pública en 2019. Foto: Chip Somodevilla / Getty Images North America / AFP.

Santiago, Chile. (AFP). Los elogios por el "pragmatismo" y "visión" del exsecretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, fallecido el miércoles, contrastan con el silencio en América Latina y la alusión a su "miseria moral" que el presidente de Chile, Gabriel Boric, reposteó en de la red social X.

"Ha muerto un hombre cuyo brillo histórico no consiguió jamás esconder su profunda miseria moral. K", fue el mensaje que el embajador de Chile en Washington, Juan Gabriel Valdés, publicó en su cuenta en X después de conocerse el deceso de Kissinger, quien instigó el golpe de Estado de 1973 en el país sudamericano.

El mandatario izquierdista chileno lo retuiteó, mientras la Cancillería chilena decidió guardar silencio.

Kissinger, primero como asesor de seguridad nacional y luego como secretario de Estado de Richard Nixon (1969-1974) y de Gerald Ford (1974-1977), aparte de impulsar el acercamiento de Washington y Pekín, fue determinante en la expansión de la guerra de Vietnam.

Pero también movió las piezas de Estados Unidos en el apoyo al golpe militar que encabezó el general Augusto Pinochet en Chile contra el gobierno del socialista Salvador Allende en 1973, y a otros gobiernos dictatoriales en América Latina, como los de Brasil y el de Anastasio Somoza, en Nicaragua.

"Para Kissinger, América Latina fue una pieza en el cuadro geoestratégico global. La guerra contra el comunismo fue su única prioridad. Todas las demás consideraciones tenían poca importancia", dice a la AFP Michael Shifter, expresidente del centro de estudios Diálogo Interamericano y profesor de la Universidad de Georgetown.

"En ese contexto, Kissinger fue indiferente a las violaciones de los derechos humanos bajo gobiernos militares en la región", sostiene.

Fue marcado el rol del político estadounidense en impedir que Allende asumiera como presidente en Chile en 1970, luego en desestabilizar su gobierno, lograr su derrocamiento y más tarde, apoyar la dictadura de Pinochet (1973-1990).

"No veo por qué tenemos que quedarnos de brazos cruzados viendo cómo un país se vuelve comunista debido a la irresponsabilidad de su propia gente. Los temas son demasiado importantes como para dejar que los votantes chilenos decidan por sí mismos", dijo Kissinger ante un comité gubernamental en junio de 1970, antes de la elección de Allende.

Temor al contagio

Documentos desclasificados de la CIA muestran que, luego de que Allende ganó la elección, Kissinger supervisó operaciones para impedir que asumiera la presidencia, acciones que incluyeron el asesinato del jefe del Ejército, el general René Schneider.

"La obsesión de Kissinger con Chile se debía a la vía (democrática) que había elegido Allende para avanzar hacia su proyecto de una utopía socialista. Si esta experiencia tenía cierto éxito, podía tener una irradiación hacia países de Europa como Italia, Francia o Grecia", dice Fernando Reyes Matta, diplomático chileno y exfuncionario del gobierno de Allende.

Tras el fracaso del complot y de que el socialista asumió como presidente, Kissinger rechazó cualquier entendimiento con el nuevo gobierno chileno, y pese a las recomendaciones, insistió en las intervenciones clandestinas y logró que se aplicara una política de ahogo de la economía chilena.

"Kissinger lamentablemente no hizo caso a la recomendación de su equipo, como Peter Vaky, su consejero de seguridad nacional, quien fue claro que Allende no representaba una amenaza mortal para Estados Unidos, y por lo tanto la estrategia de Kissinger fue inmoral e iba en contra de los valores democráticos", afirma Shifter.

Una vez derrocado Allende el 11 de septiembre de 1973, el político estadounidense, quien obtuvo el premio Nobel de la Paz ese mismo año por las conversaciones con Vietnam del Norte, apoyó con decisión la dictadura de Pinochet.

"Mi evaluación es que usted es una víctima de todos los grupos de izquierda del mundo y que su mayor pecado fue que derrocó a un gobierno que iba a ser comunista", le dijo a Pinochet en 1976, pese a la recomendación de que presionara al dictador por las violaciones a los derechos de su régimen, que dejó un saldo de 3.200 víctimas, entre muertos y desaparecidos.

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